La colección de abanicos del Museo Lázaro Galdiano (II)


Continuamos nuestro recorrido por la colección de abanicos del Museo Lázaro Galdiano iniciado en la entrada anterior. En esta ocasión nos centramos en los abanicos de la Colección creados durante los reinados de Luis XV y Luis XVI.

Ver entrada anterior La colección de abanicos del Museo Lázaro Galdiano (I)

Abanico "Hércules y Onfalia", escuela italiana (1750[ca] - 1770[ca]). Museo Lázaro Galdiano nº inv. 4374
Abanico “Hércules y Onfalia”, escuela italiana (1750[ca] – 1770[ca]). Museo Lázaro Galdiano nº inv. 4374

Abanicos estilo Luis XV en la Colección Lázaro

El estilo Luis XV se identifica con el gusto rococó. Empezó a despuntar hacia 1720, alcanzando gran popularidad entre 1740 y 1750. Es un estilo que refleja en cierta medida la creciente hegemonía de la mujer en la vida social y ella será la protagonista indiscutible en la pintura de abanicos. Los temas históricos que aparecían en las primeras décadas van pasando de moda, ahora es el triunfo de Venus, personificación del amor, la belleza y la fertilidad; de Juno, diosa del matrimonio y protectora de la mujer; o de Onfalia que hizo que Hércules olvidara su valentía abandonándose a los placeres del amor (nº inv. 321, 4333 y 4374). A la literatura y la pintura se unen, como fuente de inspiración, el teatro, la ópera y el ballet. A ellos se debe la difusión que alcanzó la historia de Rinaldo y Armida o la de Tancredo y Herminia en la pintura de abanicos durante los años centrales de la centuria (Torquato Tasso, La Gerusalemme liberata, 1581). Armida encarnó la vacilación entre el amor y el odio, mientas que Rinaldo, dudó entre el honor y el amor; por su parte, Herminia se convirtió en el modelo de mujer seductora y combativa, además de defensora de la fe católica (nº inv. 4371 y 4369). Junto a ello, Adonis, el dios eternamente joven, o Telémaco, hijo de Ulises y Penélope, adquieren protagonismo en la pintura de abanicos tras el éxito alcanzado por L`Adone de Giambattista Marino y Les aventures de Telemaques por Fénelon (nº inv. 4362, 4331 y 4308).

Abanico "Baco y Ariadna", escuela francesa (1765[ca]-1775[ca]). Museo Lázaro Galdiano nº inv. 4331
Abanico “Baco y Ariadna”, escuela francesa (1765[ca]-1775[ca]). Museo Lázaro Galdiano nº inv. 4331

En todas las artes, incluso en la vida misma, se aprecia el anhelo del mundo arcádico. Si Watteau fue el creador de la fiesta galante, con François Boucher (1703-1770) triunfa la pintura pastoral. Damas y caballeros danzan al son de gaitas o flautas, se divierten en fiestas bucólicas y bailes campestres. Es el momento de la cita galante, de l`heure du berger, que tendrá como escenario un paraje natural pero dominado por el hombre, los parques y los jardines donde la naturaleza se adorna con estatuas, esculturas y fuentes, en un ceremonial que alegraba, aún más, la vida cortesana del siglo XVIII (nº inv. 4324, 4330, 4336, 4341 y 4332). La búsqueda del amor se escenificó en el viaje a la isla de Citera, lugar que desde la Antigüedad estuvo asociado con los placeres amorosos y la felicidad (nº inv. 4361). Los pintores franceses plasmaron a la perfección este mundo en los abanicos con una policromía viva y alegre en los países que se trasladó, aunque de manera ingenua, a la pintura de los reversos y se grabó sobre el marfil y el nácar de los varillajes.

FIGURA 1. Varillaje francés de nacar con aplicaciones de láminas de plata, acompañada con fino trabajo de "grillé" y "pointillé", calado en forma de rejilla y puntos.
FIGURA 1. Varillaje francés con aplicaciones de láminas de plata, acompañada con fino trabajo de “grillé” y “pointillé”, calado en forma de rejilla y puntos.

En las orlas encontramos las curvas sinuosas de trazo libre derivadas de la rocalla, las formas fantásticas de conchas marinas exóticas, combinadas con motivos naturales, decoración que también inunda los varillajes franceses donde la rocalla, calada y grabada, se realza con la aplicación de láminas de plata corlada o dorada, acompañada con fino trabajo de grillé y pointillé, calado en forma de rejilla y puntos (fig. 1).

A diferencia de las obras francesas, la pintura de los abanicos ingleses y, por su influencia, los del norte de Europa, se decanta hacia el mundo rural, la vida cotidiana, los paisajes, vistas y ruinas, un mundo menos galante y más intimista que irá acompañado por orlas y reversos de tipo orientalizante inspirados en la estética kakiemon de la porcelana japonesa. Pájaros, los tres amigos del invierno –pino, ciruelo y bambú-, crisantemos y peonías, paisajes inverosímiles o la típica composición de la perdiz y el mijo, se destacaron sobre el fondo de la vitela dotando al abanico de un aire exótico acorde con los tiempos. Estos países, montados “a la inglesa”, presentan varillajes de marfil con sorprendentes y finísimos calados, combinados con trabajo de grillé, que pueden completarse con pequeños detalles pintados de paisaje, flores o animales (fig. 2).

Abanico con decoración orientalizante.
FIGURA 2. Abanico con decoración orientalizante.

Abanicos estilo Luis XVI en la Colección Lázaro

El estilo dominante durante el reinado de Luis XVI se fue perfilando en la década de los años cincuenta y estuvo totalmente formado para 1770, unos años antes de que el monarca subiera al trono. Apareció como una reacción frente al exuberante rococó y, en cierto sentido, anhelaba el esplendor del periodo Luis XIV. El resultado fue un retorno al clasicismo que además paliaba, en lo posible, el desgaste que suponían los acelerados cambios de la moda.

Los asuntos de los países se mantienen aunque disminuyen las representaciones mitológicas. La novedad está en la simplificación de las decoraciones y en la estructura del país que se compartimenta en cartelas cuyos perfiles van perdiendo el movimiento y la asimetría según nos acercamos a 1770.

FIGURA 3. País de tela pintado con aplicaciones de lentejuelas.
FIGURA 3. País de tela pintado con aplicaciones de lentejuelas.

En Francia, la piel va dejando paso al papel y a un nuevo tipo de soporte, el tejido, que será el material preferido para los abanicos de lujo. Habitualmente se empleó la seda, en ocasiones con sobrepuestos de lentejuelas, laminillas de nácar e, incluso, pequeños brillantes que dotaban al abanico de gran suntuosidad (fig. 6). La importancia de este material queda manifiesta en los trampantojos de cintas, encajes y sedas que se pintaron como fondo sobre el que destacan las cartelas de los países elaborados con piel o papel (nº inv. 4366). Su influencia fue tal que dio lugar a un tipo de abanico conocido como decoupé cuya característica fue el presentar un país recortado o picado para dar la apariencia de un encaje.

Orlas francesas de hacia 1740-1750 (izquierda) y hacia 1760-1770 (derecha).
Orlas francesas de hacia 1740-1750 (izquierda) y hacia 1760-1770 (derecha).

En las orlas la rocalla deja paso a las panoplias militares formadas por banderolas, estandartes, espadas y tambores que tanto gustaron entre 1760 y 1770, espacio que compartirán con bouquets de margaritas y rosas (fig. 7). Hacia 1780, estos elementos serán sustituidos por sencillos motivos vegetales de tradición clásica.

Los varillajes, de marfil y de nácar, se simplifican, apareciendo el denominado tipo “en esqueleto” de fuentes rectas y estrechas con poca superficie para calar o pintar, que será característico del abanico neoclásico. A la vez, hacia 1775, aparece un varillaje totalmente opuesto y extravagante, de formas caprichosas, son los famosos battoires, muy apreciados en España, de hecho se importaron en gran cantidad desde Francia. Los abanicos más suntuosos pueden presentar en las palas un espacio reservado para insertar retratos pintados en miniatura con frecuencia enmarcados con pequeños brillantes (nº inv. 4329).

Los abanicos más suntuosos pueden presentar en las palas un espacio reservado para insertar retratos pintados en miniatura con frecuencia enmarcados con pequeños brillantes. Museo Lázaro Galdiano nº inv. 4329.
Los abanicos más suntuosos pueden presentar en las palas un espacio reservado para insertar retratos pintados en miniatura con frecuencia enmarcados con pequeños brillantes. Museo Lázaro Galdiano nº inv. 4329.

Nuestro repaso por la colección de abanicos del Museo Lázaro Galdiano continuará en una próxima entrada ¡suscríbete al blog!

Texto perteneciente al catálogo “Arte, lujo y sociabilidad. La colección de abanicos de Paula Florido”.

Texto de Carmen Espinosa Martín, Conservadora Jefe del Museo Lázaro Galdiano.

Blog creado y actualizado por Jose Mª Martín Écija | Webmaster, Blogger y Community Manager | Museo Lázaro Galdiano

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